»SI IMPLICAS AL MÁXIMO TU OBRA CON LA NATURALEZA, ELLA COLABORARÁ EN EL PROCESO CREATIVO»

Entrevista a Javier Serapio, autor de Llagas de sal  y Hechizos de mar

Javier Serapio firmando ejemplares durante el Día de Sant Jordi

Javier Serapio (Ibiza, 1970) escribe desde un lugar en el que confluyen la introspección psicológica, la experiencia del mar y un firme compromiso con el paisaje, la cultura e identidad de las islas. Y lo hace a través de unos cuidadísimos relatos de misterio y ficción, a los que David Trías (director literario de Aguilar y Plaza & Janés), atribuyó en las presentaciones de sus dos libros en Ibiza, el término “ficción comprometida”. Serapio, psicólogo y docente de profesión, ha dedicado buena parte de su vida a escuchar, interpretar y acompañar los movimientos más complejos de la conciencia humana. Esa familiaridad con los sueños, los símbolos y las zonas menos visibles de la experiencia atraviesan también su literatura. Sus personajes suelen avanzar por territorios de incertidumbre moral, memoria y deseo. No es casual que entre sus influencias figure Jung, especialmente en su atención al mundo de los símbolos, ni que en sus relatos aparezca con frecuencia esa tensión entre lo visible y lo oculto, entre lo cotidiano y aquello que de pronto adquiere una vibración más honda. Kafka, Luís Buñuel, Stephen King y las películas de terror de los años 80 se encuentran también entre las influencias que tiñen su obra.

A esa profunda mirada interior se une una relación intensa y sostenida con el mar del que Serapio es un gran apasionado, especialmente de la literatura del mar, la navegación y la pesca, convirtiendo ese vínculo en una forma de conocimiento, de escritura y hasta de estilo de vida. Dirige y coordina desde hace cuatro años el Club Náutico de Lectura Tinta de mar, que organiza el Club Náutico de Ibiza, dedicado a obras en las que el mar comparece de una u otra manera. Precisamente este Club de Lectura en 2024 fue seleccionado por el programa de TVE de la 2: Un país para leerlo, presentado por la poeta Raquel Lanseros, para aparecer en un reportaje en un programa dedicado a Ibiza. Hay en esa fidelidad y ese compromiso al Mediterráneo algo que parece responder a la máxima de César Manrique, tan cercana a su sensibilidad: “Si el artista se funde desinteresadamente con la naturaleza, esta acaba proporcionándole la inspiración necesaria para crear y se manifestará en su obra”.

Autor de Llagas de sal (Ibiza Editions, 2014), que lleva ya cuatro ediciones y Hechizos de mar (Melqart Editorial, 2023), Javier Serapio se ha consolidado como el escritor más vendido del catálogo del grupo editorial Melqart Media. Sus libros han sido presentados en todas las Islas Baleares, donde mantiene fieles lectores y su primer libro Llagas de sal llegó a ser recomendado en la reconocida Librería Náutica del Salón Náutico de Barcelona en el 2015. Más allá de esa acogida, su narrativa mantiene un pulso constante: la exploración del vínculo entre el ser humano, el territorio y la memoria de una isla sometida a transformaciones cada vez más rápidas y difíciles de asumir.

Llagas de sal fue una de las obras recomendadas por la Librería Náutica en el Salón Náutico de Barcelona

En esta conversación hablamos con él sobre el origen de la escritura, la psicología de los personajes, el mar como experiencia vital y literaria y la necesidad de narrar un mundo en constante cambio que en muchos aspectos, no siempre resulta beneficioso.

– ¿Cuándo empezó a sentir que escribir no era simplemente una inclinación personal, sino una manera de ordenar lo que veía, lo que pensaba y lo que sentía frente al mundo?

El verdadero punto de inflexión llegó cuando destruyeron la Playa de es Duros para construir el dique de Botafoc con la excusa de los vientos de sureste. Ahí se agitó algo en mi interior. Hasta entonces, desde la adolescencia, la escritura había sido para mí un ejercicio lúdico de creación y divertimiento ligado e influenciado por las historias de misterio y las pelis de terror que devoraba por aquél entonces.

– Su trayectoria profesional está profundamente vinculada a la psicología. ¿En qué momento esa mirada sobre la mente humana empezó a trasladarse de forma natural a la ficción?

Creo que uno escribe mejor de lo que conoce de cerca y maneja de verdad. En mi caso, he intentado hacerlo a partir de mis propias pasiones y de mi propia vida, buscando una fusión entre el mar, la pesca, la psicología y aquellos libros de misterio que devoraba en la adolescencia.

– La psicología intenta comprender al ser humano desde el análisis y la observación. La literatura, en cambio, parece hacerlo desde la imaginación y la intuición. ¿Le ha permitido la ficción explorar zonas del comportamiento humano que el lenguaje científico no alcanza a explicar del todo?

Es posible. Siempre he procurado mantener una parte de mi atención abierta a esos territorios fronterizos entre la realidad y la ficción, entre la vida y la muerte. Ahí suelen aparecer zonas de la experiencia humana que no siempre resultan fáciles de explicar desde un lenguaje estrictamente científico. Mi trabajo de más de 30 años sondeando la mente humana me ha servido, en ese sentido, como rica fuente de aprendizaje y también de inspiración.

– En muchos de sus relatos el mar aparece como un espacio de transformación para los personajes. ¿Qué encuentra usted en el mar que no encuentra en la tierra?

En el mar encuentro contención, sosiego, escape. También una forma de desconexión frente a los momentos o etapas dolorosas de la vida. Para mí es un espacio que nutre y envuelve como una placenta, como suelo decir; y también, en cierto sentido, una anestesia.

Serapio presente en la Librería Náutica

– Usted navega y pesca de forma habitual. Quienes pasan muchas horas en el mar suelen hablar de una forma particular de silencio y de atención. ¿Esa experiencia modifica de algún modo su manera de mirar el mundo o incluso su manera de escribir?

Estoy seguro de que sí; no tengo la menor duda. Mis libros los he escrito o los he ido desarrollando casi siempre en lugares recónditos junto al mar, espacios de una energía muy intensa: vertiginosos acantilados, volcanes, glaciares, faros remotos o pequeños islotes. Todo eso, inevitablemente, modifica la manera de mirar y también la forma de escribir.

– Ibiza ha experimentado transformaciones muy profundas en las últimas décadas. Desde su posición como observador, escritor y psicólogo, ¿cómo cree que ese cambio ha afectado tanto a la mirada literaria sobre la isla como a la vida interior de quienes la habitan?

El cambio ha sido tan brutal que en muchos casos ha resultado difícil de asumir. Nos ha arrebatado paisajes muy valiosos, signos de identidad y elementos esenciales de nuestra cultura. También ha transformado la convivencia y ha desplazado valores profundos en favor de otros mucho más superficiales. Mi escritura está ligada, en buena medida, a la necesidad de expresar esa involución en distintos planos. Mis relatos intentan poner el dedo en la llaga de la conciencia, obligarnos a repensar tanto desacierto. Y, por supuesto, todo eso afecta también a la vida interior de quienes habitamos la isla. Contemplar la degradación de espacios que forman parte de la memoria emocional, la pérdida progresiva de ciertas formas de vida o el acceso cada vez más difícil a unas condiciones dignas de estabilidad genera un malestar vital y emocional profundo. Son experiencias muy tóxicas para la mente.

– En el relato Peix sec conviven tradición, humor y una zona inquietante que parece rozar lo ritual o lo secreto. ¿Le interesa explorar ese momento en que la cultura popular deja de ser simplemente costumbrismo y empieza a revelar algo más inquietante o más profundo?

Sí, me resulta un territorio muy atractivo. Algunas corrientes de la antropología consideran los mitos populares y el folclore una vía para explorar el inconsciente colectivo, y creo que algo de eso hay también en mi escritura. En Peix sec me interesaba precisamente esa zona en la que la tradición deja de ser solo costumbre y empieza a revelar capas más profundas, más inquietantes. De algún modo, esa línea de trabajo también estará presente en mi tercer libro, que estoy arrancando en la actualidad.

Fotografía del autor incluida en la solapa de Hechizos de mar

– En La noche del faro el protagonista se dirige a un lugar muy concreto —el faro d’en Pou— como si ese espacio pudiera ofrecerle una respuesta a un conflicto interior. ¿Le atraen especialmente esos parajes donde el paisaje parece adquirir una intensidad casi reveladora y, al mismo tiempo, le permiten condensar en un relato breve todo un universo emocional y simbólico?

Sí, me atraen mucho esos lugares. De hecho, es casi una inclinación personal: buscar parajes hermosos, relativamente conservados y recónditos, allá donde mueren los senderos, donde pueda resultar más fácil que emerja ese instante de luz especial, ese momento mágico para impregnarse. Me interesan esos momentos en que la naturaleza alcanza una intensidad especial, casi sublime. Son espacios que pueden ayudarte a reconfigurarte, a ponerte un espejo delante, a regenerarte, a reconectar con aspectos de ti mismo que los golpes de la vida habían dejado ocultos. Además, me gusta pensar que parte de esa energía termina transfiriéndose a la escritura y acaba impregnando el libro.

Trato de que en mis relatos se condense, en un espacio narrativo reducido, un universo entero en el que se combinan muchos ejes transversales, muchas temáticas potentes y emocionales que agiten la estructura del lector. Me interesa introducir elementos de extrañeza o de intensidad simbólica dentro de la vida cotidiana de los personajes, como se aprecia con más evidencia en los relatos de El laberinto de Neus, (en Llagas de sal) y en La noche del faro (en Hechizos de mar).

Llagas de sal (Ibiza Editions, 2014)

– En términos de proceso creativo, ¿cómo comienza normalmente un relato para usted? ¿Aparece primero una imagen, un personaje, una atmósfera, una frase… o algo más difícil de nombrar?

Normalmente todo empieza con una emoción. En mi caso, ese suele ser el verdadero núcleo inicial del relato. A partir de ahí van apareciendo las imágenes, las escenas o los personajes. Algunos relatos los empiezo escribiendo el final de la historia y construyo el relato desde ese punto hacia atrás, como si necesitara conocer antes de nada la herida o la revelación última a la que quiero llegar. Recuerdo, por ejemplo, 17’02”, de Llagas de sal. Nació de la ira que sentí cuando destruyeron la Playa de Es Duros entre engaños y trampas. De esa conmoción inicial fue surgiendo una idea que poco a poco tomó forma y empezó a desplegarse en imágenes de la naturaleza ibicenca volviéndose contra nosotros en plenas Festes de la Terra, que me iban viniendo de forma espontánea en mi quehacer diario.

Javier Serapio, durante la entrevista realizada para Ibiza-Click en Vara de Rey. Foto: Jean Pierre Quiroz.

– Usted es psicólogo, escribe y mantiene una relación muy estrecha con el mar, en el que navega habitualmente. Cuando se sienta a escribir, ¿en qué punto se encuentran esas tres experiencias?

Me resulta muy difícil, por no decir imposible, separar esas tres facetas de mi identidad. De algún modo, conviven de forma natural en mi manera de mirar, de escribir, de pensar y también de vivir. Hay un detalle que quizá lo resume bien: en mi tarjeta profesional y en las carpetas de fichas o dosieres que utilizaba en mis cursos aparecía un logotipo muy significativo para mí. Era un faro —inspirado en uno de mis faros favoritos de Noruega— con el símbolo de la Psicología, la letra griega psi, sobre el cuerpo del faro, y todo ello centrado sobre el mapa de Ibiza. Supongo que ahí ya estaba, de alguna manera, la síntesis de esas partes de mí que no se pueden escindir: son indisolubles.

Por Jean Pierre Quiroz Rivera

.

Llagas de sal  y Hechizos de mar pueden encontrarse en librerías, en Amazon y en la tienda virtual  de la editorial.

.

IbizaSferio

EL ESPACIO DE OPINIÓN CULTURAL DE Ibiza-Click

Clic aquí

#IbizaSferio

Entrevista a Javier Serapio, autor de Llagas de sal  y Hechizos de mar Javier Serapio (Ibiza, 1970) escribe desde un lugar en el que confluyen la introspección psicológica, la experiencia…