»SI IMPLICAS AL MÁXIMO TU OBRA CON LA NATURALEZA, ELLA COLABORARÁ EN EL PROCESO CREATIVO»
Entrevista a Javier Serapio, autor de Llagas de sal y Hechizos de mar

Javier Serapio firmando ejemplares durante el Día de Sant Jordi
Javier Serapio (Ibiza, 1970) escribe desde un lugar en el que confluyen la introspección psicológica, la experiencia del mar y un firme compromiso con el paisaje, la cultura e identidad de las islas. Y lo hace a través de unos cuidadísimos relatos de misterio y ficción, a los que David Trías (director literario de Aguilar y Plaza & Janés), atribuyó en las presentaciones de sus dos libros en Ibiza, el término “ficción comprometida”. Serapio, psicólogo y docente de profesión, ha dedicado buena parte de su vida a escuchar, interpretar y acompañar los movimientos más complejos de la conciencia humana. Esa familiaridad con los sueños, los símbolos y las zonas menos visibles de la experiencia atraviesan también su literatura. Sus personajes suelen avanzar por territorios de incertidumbre moral, memoria y deseo. No es casual que entre sus influencias figure Jung, especialmente en su atención al mundo de los símbolos, ni que en sus relatos aparezca con frecuencia esa tensión entre lo visible y lo oculto, entre lo cotidiano y aquello que de pronto adquiere una vibración más honda. Kafka, Luís Buñuel, Stephen King y las películas de terror de los años 80 se encuentran también entre las influencias que tiñen su obra.
El auge del true crime ha convertido el crimen en uno de los géneros culturales más consumidos de nuestro tiempo. En ese contexto aparece
En 





El inconfundible olor a salsa de nadal, el bescuit, las luces titilantes en las calles, el frío húmedo del invierno y las chimeneas encendidas… mucho más que una fecha en el calendario: es un ritual colectivo que nos recuerda la importancia de la familia, la solidaridad y la esperanza. Las mesas se llenan de recetas heredadas, los villancicos se convierten en banda sonora y los regalos simbolizan afecto. Sin embargo, detrás de esta postal entrañable se esconde un desafío que no podemos ignorar: el impacto ambiental de nuestras celebraciones.