»EL MINOTAURO REPRESENTA LAS PASIONES MÁS BAJAS DEL SER HUMANO»

Bartolomé del Amor, exjefe de la Policía Judicial de la Guardia Civil, reflexiona sobre crimen, investigación y escritura a partir de los casos reunidos en El minotauro nunca duerme, libro escrito junto al periodista Xisco Fuster.

El auge del true crime ha convertido el crimen en uno de los géneros culturales más consumidos de nuestro tiempo. En ese contexto aparece El minotauro nunca duerme (Melqart Editorial, 2025), libro en el que Bartolomé del Amor, comandante de la Guardia Civil retirado y exjefe de la Policía Judicial en Baleares, repasa algunos de los casos más complejos de su trayectoria profesional. Escrito junto al periodista Xisco Fuster y publicado por el grupo editorial Melqart Media, el volumen reúne crímenes reales investigados durante décadas en Mallorca e Ibiza.

Nacido en 1952 en Calasparra (Murcia) y conocido como Tolo, Del Amor dirigió la Policía Judicial de la Benemérita entre 1998 y 2013. Colabora en la serie Memòria negra de IB3 Televisió y en Canal 4, ha trabajado como director de seguridad en El Corte Inglés y ha publicado artículos en Diario de Mallorca y Última Hora. Recientemente participó en un reportaje de Sky News sobre el tráfico de drogas en Ibiza.

En esta entrevista habla de violencia, oficio policial y escritura, y reflexiona sobre ese Minotauro —el mal, el crimen— que, como advierte el título, nunca descansa.

– El título del libro es muy potente. ¿Quién es el Minotauro y por qué nunca duerme?

El Minotauro, como se sabe por la mitología griega, es una figura profundamente simbólica y controvertida. Representa muchas cosas, pero, sobre todo, las pasiones más bajas del ser humano: esa parte oscura que todos tenemos. La famosa frase —somos capaces de lo mejor, pero también de lo peor— resume bien lo que encarna.

El libro refleja precisamente esas bajas pasiones humanas. Pensé en ello, me gustó la idea, y entendí que ese título era el ideal para cubrir lo que queríamos contar.

Portada de El minotauro nunca duerme (Melqart Editorial, 2025)

– ¿En qué momento decide que su experiencia profesional debía convertirse en un libro? ¿Cómo fue trasladar su experiencia policial a una forma narrativa?

 No fue mérito mío inicialmente, sino de Xisco Fuster. Él quería escribir una novela negra sobre un asesinato ficticio y necesitaba documentación rigurosa. Lo pusieron en contacto conmigo para que le explicara qué se hace cuando aparece una persona muerta de forma violenta: quién actúa primero, cómo se delimita la escena, qué competencias tiene cada unidad.

Tras la segunda o tercera reunión, cuando vio la experiencia que yo había acumulado en la Policía Judicial, me propuso algo distinto: abandonar la ficción y adentrarnos en el género del true crime. Es decir, contar los casos reales que yo había investigado.

Finalmente me convenció. Empezamos a reunirnos cada semana. Yo relataba los casos y él grababa. Escogimos asesinatos que habían tenido una gran resonancia en Mallorca e Ibiza. En el libro aparece solo una pequeña parte de los que yo he tenido la desgracia de vivir, pero cada uno tenía particularidades y personajes muy singulares.

«Cuando llegas a una escena del crimen no puedes quedarte bloqueado: tu deber es investigar.»

– El libro insiste en que no son historias “basadas en hechos reales”, sino hechos reales. ¿Qué responsabilidad implica contar el crimen desde dentro?

A veces en las series se novelan mucho estas cuestiones, pero no son rigurosas. Aunque sea ficción, un sargento es un sargento y las competencias están claras. Primero actúan los especialistas en criminalística, la rama que estudia cómo ha actuado el delincuente, y la criminología, que estudia al delincuente y sus perfiles.

He investigado muchos homicidios. Algunos relativamente sencillos —violencia de género, por ejemplo—, pero más de cincuenta fueron muy complejos: esos en los que no sabes quién es el autor y requieren una investigación profunda.

En el libro añadimos una entrevista con una psicóloga forense para analizar los perfiles criminales; entrevistamos a la hermana de una víctima de violación y asesinato; también a un miembro de una banda de militares y exmilitares implicados en más de veinticinco robos con violencia e intimidación, en la llamada Operación Kraken. Incluimos, además, fragmentos reales de interrogatorios que figuran en sumarios judiciales.

Todo ello completa un retrato amplio de la criminalidad en la sociedad balear, sobre todo de Ibiza y Mallorca. Porque ningún territorio está exento de que ese minotauro actúe.

– Después de tantos años investigando delitos graves, ¿se acostumbra uno al horror o nunca se normaliza del todo?

 Sí, debo confesar que uno se acostumbra. Pero no por deshumanización, sino porque la responsabilidad profesional se impone. Cuando llegas a una escena del crimen, tu prioridad es esclarecer lo ocurrido. No puedes quedarte bloqueado por la impresión; tienes una obligación moral y profesional.

He vivido numerosos casos especialmente crueles. Impacta, claro, pero debes sobreponerte. Tu deber es investigar.

«Sin leyes ni estructuras que contengan la violencia, el ser humano puede devorar a sus semejantes.»

– Vivimos un boom del true crime en libros, cine y pódcast. ¿Cree que nos interesa el crimen por morbo o por necesidad de comprenderlo?

 Creo que por ambas cosas. Existe un deseo legítimo de comprender qué ha ocurrido, pero también hay un componente morboso. Como dicen los periodistas: la noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda a un perro. Lo que se sale de lo habitual despierta nuestra curiosidad.

– Entre los distintos casos que recoge el libro, el de Yvonne O’Brien destaca por la dureza de los hechos y por la complejidad de la investigación. Sin entrar en detalles, ¿qué lo hizo especialmente difícil desde el punto de vista investigador?

 Así es. Es un debe que tengo. La mayoría de los casos del libro fueron esclarecidos, pero ese no.

Trabajamos durante meses, en contacto con Interpol Londres, tomando declaraciones, analizando pistas. Teníamos sospechosos. Pero en un Estado de derecho no basta con sospechas: necesitas pruebas sólidas para detener e imputar. Y en este caso no se alcanzaron las pruebas necesarias.

A veces haces todo lo posible y, aun así, el caso no se cierra.

Bartolomé del Amor con traje de desactivación de explosivos durante su etapa en la Guardia Civil

– Además de su trayectoria como investigador, usted ha cultivado la poesía. El grupo editorial Melqart Media prepara actualmente la publicación de su nuevo poemario, Maldita oxitocina. Tras una vida profesional marcada por el contacto directo con la violencia y el crimen, ¿qué papel ha tenido la escritura poética en su vida? ¿Ha sido una forma de distancia, de comprensión o de resistencia?

Es una inquietud completamente aparte de mi labor investigadora. Publiqué hace años Trenes y estaciones, un poemario editado por Círculo Rojo. Es una reflexión sobre el amor, la amistad, la lealtad, la soledad y también cuestiones metafísicas.

El nuevo libro de poemas, Maldita oxitocina, continúa esa línea, pero desde una perspectiva química. Hace años leí a un químico americano que defendía que toda la existencia puede explicarse desde procesos químicos. Y, en cierto modo, tiene razón: somos seres de carbono; incluso el hecho de que tú y yo estemos hablando ahora depende de procesos químicos.

La oxitocina —la hormona vinculada al amor—, la dopamina, la serotonina, la testosterona… La poesía puede acercarse también desde esa dimensión biológica.

 – ¿A quién cree que interpela El minotauro nunca duerme y, si ese minotauro al que alude nunca duerme, qué fuerzas —éticas, sociales o institucionales— pueden mantenerlo a raya?

 Es una pregunta muy interesante y profunda. El Minotauro encarna lo que filósofos y psicólogos han estudiado durante siglos: la parte oscura del ser humano.

¿Quién lo detiene? En primer lugar, la ética individual. Pero también el sistema jurídico y el Estado de derecho. Sin leyes ni estructuras que contengan la violencia, el ser humano puede devorar a sus semejantes.

Pongo a veces el ejemplo del Oeste americano: cuando la ley no llegaba, cada uno llevaba armas para defenderse. Solo cuando se consolidó el Estado y se establecieron leyes firmes se generaron barreras reales frente a la violencia.

Es necesario un sistema que neutralice a quienes no pueden convivir en sociedad. Es triste, pero, bajo mi punto de vista, imprescindible.

Por Jean Pierre Quiroz Rivera

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El volumen puede encontrarse en librerías, en Amazon y en la tienda virtual de la editorial.

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