HISTORIA MILITAR DE LAS PITIUSAS EN EL SIGLO XX
Baterías, artillería y aviones caídos en Eivissa y Formentera
En L’artilleria al segle XX i avions caiguts a les Pitiüses durant la II Guerra Mundial, Pere Vilàs Gil reconstruye la historia militar de las Pitiusas a partir del trabajo de archivo. Publicado en 2025 por Edicions Aïllades, dentro de la colección Barbaria d’Assaig del sello Melqart Media, el libro se sitúa al margen de lecturas anecdóticas o periféricas y atiende al cruce entre política defensiva del Estado, tecnología bélica y vida cotidiana.
La obra reconstruye con precisión la implantación y el desarrollo de las infraestructuras artilleras en ambas islas y documenta diversos episodios aéreos vinculados a la Segunda Guerra Mundial, durante una neutralidad oficialmente proclamada pero marcada por tensiones estratégicas.
El capítulo «Bateries de defensa de la ciutat d’Eivissa» se abre con un plano en el que aparecen señalados los puntos clave que rodean Vila. Cas Serres, el Calvari y s’Illa Grossa dibujan un triángulo defensivo que ordena el puerto, los accesos marítimos y el borde urbano a partir del relieve disponible. En una sola página se entiende que la defensa fue una ocupación concreta del territorio, medible en caminos, patios, distancias y sectores de tiro.

Emplazamiento de las baterías en la ciudad de Eivissa
La «Bateria de costa del Calvari» se reconstruye a partir de presupuestos, inicios de obra y entregas administrativas. El expediente recoge un presupuesto fechado el 16 de diciembre de 1937. Las obras para instalar dos piezas de 15 centímetros comienzan el 25 de junio de ese mismo año y concluyen el 15 de mayo de 1938. En julio de 1939 se consignan nuevas partidas para la construcción de dos naves y en octubre se entregan los barracones. La batería se levanta adosada a la murada renaixentista, en un punto donde la lógica defensiva entra en contacto directo con la ciudad.
El emplazamiento empieza a resultar inviable cuando, en 1943, por la proximidad de Dalt Vila y de la murada, se acuerda el desartillado y el traslado de las piezas a s’Illa Grossa y al cap Martinet. Una orden del director general de Fortificaciones, fechada el 17 de abril de 1947, confirma el desmontaje definitivo y precisa el destino de cada una de ellas. La batería se monta y se retira por su fricción constante con la ciudad. El Calvari queda vinculado a un cañón Ordóñez de 150/34,2 milímetros, descrito y situado dentro del dispositivo costero.
En «Bateria antiaèria de sa Caleta» se despliega otro de los ejes del libro, el de la ingeniería de la defensa aérea y su dependencia de decisiones administrativas, accesos y trabajos auxiliares. Sa Caleta se escoge tras descartar Porroig por la dificultad del camino. La Comissió Mixta de Defensa i Fortificació opta por un emplazamiento más accesible y las obras comienzan el 29 de mayo de 1940.
La batería estaba prevista para dos piezas Vickers de 101,6/45, modelo 1917, una procedente del Almirante Cervera y otra del Libertad. El libro nombra modelos, procedencias y trayectorias administrativas.

Cañón de 101,6 mm emplazado en sa Caleta. Foto: Miguel Martín Mascaró
El capítulo evita cualquier idealización de la fortificación. El libro anota que durante años se proyectó añadir dos piezas más y que, finalmente, la batería fue desartillada y abandonada, probablemente por la presencia de vestigios arqueológicos de un poblado fenicio, declarado Bien de Interés Cultural en 2015. El volumen registra también soluciones provisionales: en 1956 se inician nuevas obras y en 1957 se construye un puesto de mando debido al riesgo de desprendimientos, con la corrección de un proyecto previo que presentaba deficiencias. La defensa aparece como lo que fue, un sistema expuesto a la geología, a la arqueología, a la calidad técnica de los proyectos y a la vida material del lugar.
Resulta especialmente significativo el momento en que la batería queda vinculada a la economía de guerra y al trabajo forzado. Los terrenos se adquieren a Vicente Ferrer Sala y se inscriben a favor del Estado en diciembre de 1941. El Ejército asume su gestión y en julio de ese mismo año levanta el edificio destinado al personal. El 23 de junio, el comandante de Ingenieros comunica la finalización de los trabajos y la disolución del batallón de trabajadores prisioneros de guerra, citado por Pere Vilàs como “Sección de Zapadores”, encargado de retirar los excedentes de excavación y de acondicionar un kilómetro y medio de pista hasta el campo de aviación.
Las páginas dedicadas a las pruebas de tiro vuelven a mostrar este modo de narrar. El 8 de febrero de 1941 se realizan las pruebas reglamentarias de explanada en las baterías antiaéreas de sa Caleta, junto a las de Cas Serres, el cap Martinet y la batería de costa des Corb Marí. Se efectúan tres disparos de fogueo por pieza.

Réplica de un cañón antiaéreo de 101,6 mm instalada en sa Caleta (2025). Foto: JM Prats
La segunda parte del ensayo adopta otro registro porque trabaja con otras fuentes. «Un avió alemany a la punta des Moscarter», publicado con anterioridad y reelaborado aquí, se apoya en prensa, informes y, de manera decisiva, en testimonios orales recogidos con cuidado. El 10 de enero de 1944, un avión alemán sobrevuela Vila perseguido por un aparato inglés que lo ametralla y acaba cayendo al mar al norte de la isla; unos pescadores rescatan a los tripulantes y dos de ellos ingresan con heridas leves en la clínica Alcántara.
Lo singular del texto es que Vilàs no se detiene en el accidente, sino en el rescate, y se empeña en reconstruir la cadena humana y material que lo hizo posible.
A partir de ahí, Vilàs llega a ella en 2005 a través de contactos en Sant Joan de Labritja y Portinatx. Aparecen Vicent Marí Escandell (Guimó, fill), que lo pone en relación con Vicent Escandell Torres (Bossa), y el tercer participante, Joan Marí (Rieró). La acción se sitúa banda fora de la punta des Moscarter. La decisión se toma bajando a cala d’en Serra para buscar una embarcación. El padre, Vicent Marí Guimó, aporta un llaütet de devers vint palms, a vela, y los tres salen cuando ya distinguen a los náufragos disparando bengalas con una pistola de señales desde una balsa neumática.
El episodio se completa con un apéndice material que podría parecer menor. Pere Vilàs anota los objetos que pasan de los aviadores a los pescadores —un raor con inscripción de fabricación, unas agulles con emblemas— y registra la continuidad del contacto. El 8 de enero de 1962, dieciocho años después del rescate, Vicent Guimó recibe una carta de Erich Kolbeck, que se presenta como hermano de Franz Kolbeck, uno de los tripulantes salvados.

Vicent Escandell Torres (Bossa) y los regalos entregados a Vicent Marí (Guimó)
Desde el punto de vista historiográfico, el libro se mantiene al margen de escuelas y modas interpretativas. Esa distancia le permite concentrarse en una tarea concreta: levantar una base empírica sólida para la historia militar de Eivissa y Formentera en el siglo XX. Unidades, emplazamientos, calibres, obras, órdenes y movimientos de piezas componen un armazón material que hasta ahora no existía con este grado de detalle.
El autor interpreta con prudencia y señala con claridad cuando conjetura. Este modo de proceder deja en segundo plano cuestiones como el impacto cotidiano de los destacamentos, los conflictos entre usos civiles y militares del suelo o las dimensiones políticas del periodo, que aparecen sobre todo a partir de la documentación disponible. El libro se sostiene en esa elección y toma las reliquias y los relatos como base de su construcción histórica.
Por Jean Pierre Quiroz Rivera
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El volumen puede encontrarse en librerías y en la tienda virtual de la editorial.
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